En nuestro anterior artículo hablábamos del primer God of War y de como Kratos había luchado contra su pasado en una historia de venganza. Una vez consumada su vendetta contra Ares, Dios de la Guerra, la historia nos lleva un paso más allá. En este artículo tocará seguir profundizando en la saga; en la historia de Kratos, y de como éste se convirtió en un Dios… y como este dios clamó guerra contra el Olimpo.

Cory Barlog y Santa Monica Studios nos plantearon esta secuela en 2007, a la vista del éxito arrollador del primer título. Argumentalmente, el juego toma como punto de partida el final del primer God of War; Kratos, como parte del Olimpo, es el nuevo Dios de la Guerra. Ello inspira a su pueblo, Esparta, a convertirse en la máquina militar definitiva; no obstante, no todos en el Olimpo están a favor de esta situación, ni mucho menos. El propio Rey del Olimpo tendrá que tomar cartas en el asunto para domar al indomable Kratos.

Como decíamos, el juego se inserta justo después del primer God of War (aunque, argumentalmente, tengamos primero God of War: Betrayal y God of War: Ghost of Sparta); en las primeras escenas del título vemos a un Kratos desatado, al frente de los lacedemonios, atacando la ciudad de Rodas. En el transcurso de la batalla, el Olimpo decide despojar de todos sus poderes a un enloquecido Kratos. Por si ésto fuera poco, también deciden dar vida al Coloso de Rodas, que será nuestro primer y gigantesco enemigo.

God of War II repite la fórmula que le llevó al éxito en la primera parte. Optimizado gráficamente, el nuevo juego repite las mecánicas que elevaron el primer título al Olimpo de los videojuegos. Escenarios prerrenderizados en diferentes localizaciones nos llevan a viajar por la Grecia Clásica. Adicionalmente, también se incorporó el uso activo de monturas; en nuestro viaje manejaremos a Pegaso mientras nos libramos de esos molestos minions que nos acosan.

God of War II: la epopeya de Kratos - I

Kratos: sed de venganza

La historia de Kratos es, casi siempre, una historia de venganza. Si ya en el primer juego quería vengarse ante Ares por haberle convertido en lo que fue, ahora los destinatarios son otros. Nada más y nada menos que Zeus, Rey del Olimpo. Kratos, al verse superado en Rodas, pide apoyo a Zeus. Este, lejos de ayudarle, le da el golpe de gracia para mandarlo al Tártaro… pero la fuerza y la sed de venganza del espartano son irreductibles. Ni siquiera la propia muerte puede vencerle. De esta forma, mientras cae por los túneles que llevaran al reino de Hades, Kratos ya está clamando justicia. O lo que, para él, es justicia; venganza contra Zeus y, por extensión, contra el Olimpo.

Es aquí donde se inicia el verdadero juego; es aquí donde Kratos conocerá a su primer aliado; así como la guerra hace extraños compañeros de cama, la sed de venganza del héroe le lleva a hacer un pacto con los Titanes, perdedores de la Gran Guerra contra los dioses. Atlas, Gaia… todos ellos tendrán un gran peso narrativo, aumentando con el avance dentro del juego. Dicha narrativa se engloba, como en el primero, en las luchas internas que sostienen al espartano. Kratos es, ante todo, un héroe atormentado. Atormentado por su pasado, por los actos que cometió; atormentado por su futuro, pero con una meta. El tema central, como en el primer God of War es, sin duda, la venganza.

Kratos poseerá, de esta forma, nuevos movimientos que le ayudarán en su aventura. Al hecho de trepar por paredes se le sumará la posibilidad de transitar por los techos clavando sus nuevas espadas (espadas de Atenea, su única aliada en el Olimpo) para avanzar.

God of War II: la epopeya de Kratos - II

God of War II: donde el videojuego torna en arte

God of War II es, sin duda, un juego inmenso. Es un juego brillante. Es un juego espectacular. Y es, sobre todo y por encima de lo demás, un gran juego. Con una duración justa, una dificultad muy bien medida en todos sus niveles (aunque el nivel Dios es… eso, nivel Dios) y una experiencia de primer orden. Incluso habiendo pasado más de una década desde su lanzamiento original, jugarlo en 2018 le convierte en una experiencia muy divertida y amena; el hecho de rejugarlo pasado tanto tiempo ayuda a percibir otros matices como, por ejemplo, su espectacular banda sonora.

Musicalmente el juego es una auténtica delicia. Las melodías y fanfarrias acompañan a cada momento del juego a la perfección; si nos tomamos la molestia de escucharla un poco mientras segamos vidas, nos convertirá la experiencia de juego en una auténtica oda a los sentidos.

Es muy complicado que, once años después, un juego no chirríe en nada. Hay juegos, y lo sabemos bien, que no envejecen con la mejor de la salud; quedan desfasadas sus mecánicas de juego, sus controles o sus tiros de cámara. Incluso juegos tan sumamente espectaculares como Grand Theft Auto: San Andreas chirrían en ciertos aspectos jugados en época actual. Quizás es que seamos más viejos y no por ello más sabios o, simplemente, que la evolución es esto. No es el caso de God of War II para nada. De hecho, su sistema de juego y mecánicas no podrían ser más actuales.

God of War II: la epopeya de Kratos - III

El Dios de la Guerra que nunca quiso serlo

En definitiva, God of War II nos ofrece un paso más allá de lo que ofreció el primer God of War. Nos ofrece la posibilidad de conocer mejor a Kratos; nos ofrece la posibilidad de ahondar en sus motivaciones y sus luchas personales. Desde un punto de vista técnico, nos ofrece el tope tecnológico que pudimos apreciar en Playstation 2. Los gráficos no desmerecen para nada el tiempo que ha pasado y, aunque quizás sea la nostalgia la que hable por mi, ofrece una mejor resolución y un mejor aspecto que juegos de la actual generación. Desde un punto de vista cinematográfico, es una gran producción. Y es que, de hecho, lo es; Cory Barlog y su equipo consiguen meternos en una de las mejores películas de acción ambientada en época clásica de la historia.

Y lo hacen, para más inri, haciéndonos ser los protagonistas, junto a Kratos, de esta epopeya. God of War II es un juego que merece ser jugado; si lo hicistéis en su momento, no dudéis en volver a jugarlo… y si no lo habéis hecho, por favor, hacedlo. Os aseguro que no os arrepentiréis.

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