God of War: Una historia que merecía ser contada

Cuando, por primera vez, en los lejanos tiempos de PlayStation 2, comenzamos nuestro peregrinaje manejando a un guerrero espartano mientras hacía de las suyas en un barco, nunca esperábamos que la saga que allí iniciábamos fuera a, no solo a perdurar en el tiempo tanto como lo ha hecho God of War, sino que, además, su protagonista absoluto, Kratos, se convirtiera en un icono más allá de generaciones de consolas. Creo, en mi humilde opinión, que la figura de Kratos supuso para Sony, en la X generación de consolas, el mismo símbolo identificable que anteriormente vieron Sega con Sonic o Nintendo con Mario.

Pero toda historia tiene, y es necesario que lo tenga, un comienzo y es por eso que hoy, en Arctic Games, en el mes dedicado a Kratos dado el lanzamiento de la nueva entrega de la franquicia el próximo 20 de abril, queremos comenzar a recordar los juegos que componen la saga; y como toda historia ha de tener un comienzo, empezaremos por el origen de todo. De como Kratos trascendió a la misma muerte para convertirse en un Dios. El Dios de la Guerra.

El punto de partida del primer God of War nos sitúa en una trirreme espartano, donde hemos sido destinados para combatir a un mal que la tiene bajo ataque. Aquí comienza a imbricarse una historia donde el peso del mito helénico va cobrando importancia a medida que avanzamos por los diferentes escenarios que el equipo de Santa Monica Studios nos propone; en este primer tramo, nuestro objetivo, además de asimilar los conceptos de control del juego, es introducirnos en la historia del mismo. Mientras avanzamos, podemos empezar a esbozar como nuestro pasado nos persigue, aunque hasta ese momento no sabemos nada más allá de que se trata de un guerrero espartano, curtido en mil batallas, de piel nívea y una marca roja que le recorre de cabeza a pies.

God of War: hijo de su tiempo

God of War es un juego de escenarios prerrenderizados, pero a la vez con cierta parte de ‘destructibilidad’ en los mismos. Los objetos que están situados en él son rompibles, de tal forma que liberaremos almas que servirán para mejorar nuestras armas, en un principio (las Espadas de Caos) y nuestros poderes, posteriormente.

God of War: Kratos contra la hidra

Sin embargo, que los escenarios sean fijos no le quitan un ápice de espectacularidad al título que, a pesar de llevar 13 años entre nosotros, ha envejecido magistralmente bien entre nosotros. Aún a día de hoy, la espectacularidad de los paisajes y los entornos, y la variedad de los mismos, trufados todos ellos de elementos móviles, hacen que no tengamos la sensación de estar ante un juego que tiene más de una década sino de ser un juego de, como mucho, mediados de la generación pasada.

El combat-play del juego es, sin duda, de lo mejor del juego dentro de un título en el que casi la totalidad de los elementos son brillantes. Un sistema clásico de hack’n’slash, donde la velocidad del combate y el número de enemigos están rayando casi a la altura de cualquier musou, está aderezado con QTE para algunos enemigos más fuertes más allá de los minion de turno. Estos QTE desatan toda la potencia gráfica del juego, además de toda su violencia, para mostrar a un Kratos desatado, que acaba con sus enemigos y elimina, además de su cuerpo, su recuerdo.

Moverse con las crucetas por el escenario es una maravilla, nuestro espartano avatar reacciona a cada movimiento con una sutileza y una sensibilidad sin parangón y (nótese lo dicho anteriormente, el juego tiene 13 largos años ya), me atrevería a decir, muchos juegos de la actual generación deberían tomar ejemplo de como hacer una jugabilidad equilibrada y nada injusta para con el jugador.

God of War: Una historia épica

Y si los gráficos y el combat-play son buenos, que decir de la narrativa. Una historia homérica, sin duda, donde los dioses y los hombres están en guerra, pero que va más allá. Nosotros, como mortales, convertidos por Ares, dios de la Guerra, en un soldado perfecto, al que le entregamos nuestra alma con tal fin, debemos desafiar a dicho Dios; una historia homérica, sí, pero que recorre los más oscuros rincones del alma. Una historia de venganza, en definitiva, por algo que quizás hicimos pero nos negamos a reconocer, echándole la culpa a algo superior a nosotros interfirió en ese momento de oscuridad. Solo que, en esta ocasión, esa sensación es cierta.

God of War: Kratos en ataque

La historia se va desmadejando poco a poco a lo largo de las casi diez horas de juego que nos propone Santa Monica Studios, donde vamos recorriendo el pasado de Kratos hasta el momento exacto de inicio del juego hasta que, cercano el final del título, todo cobra sentido. Palabras que nos parecian necias, o que quizás entendimos de otra manera, a lo largo del título cobran sentido en el tramo final para ofrecernos una de las mejores experiencias jugables de Playstation 2.

God of War: Desde la Historia, para la historia

Este God of War pasa por ser un título imprescindible, un recorrido por parte de la mitología y un poco de filosofía, así como de la sociedad griega de la época, todo ello en un título que desprende aroma a algo grande; un punto de partida idóneo para que nosotros, como jugadores, empecemos el recorrido junto a Kratos. Porque a ver quien es quién se le va a poner en contra…

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