Hoy y estos próximos días esta todo el mundo disfrutando de un maravilloso y eterno puente. Aquí, como ya vivimos en un paraíso y hacemos lo que nos gusta, hemos decidido quedarnos a contar cosas y yo necesito contar mi experiencia con el enganche en algunos juegos, no es que sea una experiencia enorme, pero es la que es.

Recuerdo cuando empecé a jugar al World of Warcraft junto a Miguel, recuerdo las horas que no puedo llamar perdidas, los enganches, mis cabreos (ya he contado en otras entradas que soy algo patosa… pero también es que me tocaba ir de mazmorra con lo mejor de cada servidor, *insertar cartel de ironía al estilo Sheldon*) mis risas, los buenos momentos. ¿por qué digo que estaba enganchada cuando no he contado nada que haga decir ‘la friki ésta…’? Pues porque el enganche era al ir a dormir, bueno durmiendo más bien. Sí, también me pasaba no querer hacer más que jugar, pero lo que me pasaba de forma más “fuerte” era al soñar.

Yo iba por la calle, porque en mis sueños tenía vida normal, y a la gente la veía con signos de exclamación e interrogación y me llamaba loca a mi misma ‘A ver, gnoma de pelo verde (así era uno de mis personajes) estás soñando, despierta, ¡ya!’. Si de algo me arrepiento es de no haber tenido el coraje (por llamarlo de alguna forma) de acercarme a ver que misiones me daban unos y que debía entregarles a otros.

Si voy más atrás en el tiempo, pero mucho, mucho, mucho y mucho más, en casa estábamos enganchados al Tetris, ¡hasta mi padre! Una cosa curiosa fue lo suyo, algo digno de ser nombrado en el antiguo Milenio3 *Insertar mi cara guiñando ojo varias veces* mi padre era operador de grúas torre, y eso para quien no lo sepa se manejaba con un mando (no puedo decir si aún es así porque no tengo ni idea) y un día mi padre llegó a casa diciendo: ‘Yo no juego a eso más, que estaba con el mando de la grúa y sólo pensaba en chismes de colores cayendo’.
Yo también estaba enganchada, recuerdo incluso pedir a mi madre una “maquinita” que seguro muchos/as de ustedes tuvieron por un lado calculadora y por el otro 100 en 1. Pues, yo sólo la quería para jugar ya que odiaba los números y las cuentas en matemáticas (y sigue siendo así) recuerdo los recreos jugando a eso, los cambios de hora, las horas libre y un  largo etcétera. Creo que fue tal el enganche que ahora mismo lo odio un poco.

Y ahora mi enganche es con el Fallout Shelter. Creo salas de energía, restaurantes, pongo muchachas a quedarse embarazadas, creo una radio donde, gracias a mis chicas en pijama, vienen moradores nuevos, y otro largo etcétera. (Quizás algún día venga a hablar de este juego en profundidad) me matan los saqueadores, los necrofagos, y yo lloro. Me quedo sin recursos, es imposible recuperarlo todo, echo a moradores, ‘¡fuera que gastan muchas cosas!’ Me insultan, los miro mal. Me cabreo y creo otro refugio y así. Ahora tengo el mejor que he tenido nunca (seguro que voy y miro y hubo un incendio y están todos muertos que Murphy es así) y me paso jugando horas en el móvil y en el portátil. No hago más que eso ¡y tengo todos los demás juegos mirándome  con ojos tristes!

¿No os ha pasado nunca eso de engancharos a un juego de una forma brutal? Esos Super Mario donde decimos ‘no paro hasta pasar este nivel’, y acabar pasando cuatro mundos. Jugar una carrera y no parar hasta ser el primero ¡e incluso en épocas sin logros en los juegos!

Y hasta aquí parte de mi experiencia en el enganche. Algún día contaré experiencias gracias a lo patosa que soy…

¡Espero que estén teniendo un feliz y friki puente!

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